domingo, 12 de mayo de 2013

sábado, 4 de mayo de 2013

Wake up


La noche estaba fría y el aire quemaba mis huesos hasta el punto de sentirlos aferrados a mi piel con dientes alargados y punzantes. El mirador estaba vacío, como lo estaba también el resto de mi cuerpo en aquel momento, abatido y carente de cualquier contenido.

Asomada allí, al borde de un interminable muro que me abría hacia un paisaje estremecedor y oscuro, veía su rostro en cualquier parte. Los edificios alineados con su estricta monotonía acaparaban la atención de mis dos ojos borrosos, y la luz de las farolas cegaba parcialmente la espera.
Sus ojos asomaban tímidos por encima de las nubes rojizas del atardecer, mientras mi mente volaba alto y sin un destino concreto, mirándome a los ojos y quemándome la piel. Durante unos segundos volví a sentirme como entonces.

Sentí mi rostro desgastado y mi ser desvanecerse dentro de mi propio cuerpo hasta desesperar. Y como entonces, me faltaba ella. Su sonrisa mordiendo fuerte la superficie de mi piel y mis manos temblando. Me faltaban los meses apagados y la triste sensación que recorría mi cuerpo cuando sentía su ausencia.

De vuelta a casa me di golpes con todo, caminando con la misma torpeza que entonces. Y realizaba cada paso como si de nuevo ningún lugar mereciera la atención de mi mirada, con la vista en el punto más alto del firmamento, chocando con la realidad de sus nubes grises.



"Slow suicide's nowhere to go"

lunes, 8 de abril de 2013

I don't need you


Hipnotizada por el perfil infinito de su sombra, me vi caer en el vacío interminable de mi propia ausencia.

Mentía al decir que temía perderme, porque jamás sentí cosa peor que el dolor de encontrarme.

Bajo las sábanas destempladas sonreías como un último adiós con próxima vuelta, con una firme promesa en tu rostro y los ojos desgastados y ausentes.

Tanto tiempo sin decirte nada ha enmudecido mi existencia hasta el punto de confundir los ruidos con nuestras desgastadas palabras.

Sin cartel rajado, no hubiera habido foto.





domingo, 17 de marzo de 2013

Slow decay


Las horas fluían en calma, sobre la cama, mientras la observaba dormir con la vista nublada. Su rostro distraído por el sueño parecía ahora tranquilo y despejado, a pesar de la comisura dulcemente contraída de sus labios.
La habitación condensada por el humo, que llenaba mis pulmones de una melancolía inexplicable, apretaba en mi pecho. La miraba a los ojos, aunque los suyos estuviesen ya cerrados, y me sentía caer.
Deseaba levantarme, fumar en la ventana, sintiendo el frío con cada calada y llenando mis pulmones con el aire puro congelado y el sabor amargo del tabaco. Apoyarme en el alfeizar y mirar al infinito, con la vista en ninguna parte y mi mente acostada junto a la suya. Quería despertarla en un abrazo, o que me abrazara por la espalda como si no pasara nada y sellara el pacto con sus labios sobre mi cuello.
Me volví sobre la cama, dejando mi vista clavada en el techo y mi mente divagando entre susurros y bostezos. La recordé, aún teniéndola a mi lado, aún estando entre sus brazos. Como si mi mente buscara de nuevo encontrarla sin haberla dejado marchar y mi cuerpo extrañara el suave roce de su piel al descubierto ardiendo sobre mí.
Notaba la lluvia caer sobre mi tez y el frío calarme en los huesos, me sentía en un vacío interminable, únicamente rodeada por el miedo y el temor a su ausencia. Sus caricias continuaban en mi pecho y en mi mente, con la silueta escuálida y tibia de sus manos rozando cada parte de mi cuerpo en un intento desesperado por encontrarnos.
La sentía temblar a mi lado, pero no podía tocarla ni verla. Repasaba su boca, buscando espacio en la mía y chocando dulcemente con mi lengua. Quería abrazarla, dejar mi mente en blanco y ahuyentar el frío que cubría ahora su cuerpo, pero no podía siquiera moverme o articular un atisbo de palabra cálida.
Dicen que la Parálisis del Sueño es un fenómeno común que a todos nos sucede al menos una vez en la vida, bloqueando nuestros cuerpos antes o después del sueño durante algunos minutos. Podría, sin embargo, jurar que yo me encontraba paralizada por algo superior a mis instintos básicos humanos.
Me noté desfallecer entre las sábanas, observándola. El sueño llegaba al fin, secando mis ojos y ensalzando su rostro entre un millar de pensamientos, realizando suavemente un salto hacia otro estrato. Dejándome sola, abandonada en el limbo de la vida, en el diminuto límite con la muerte, buscando un motivo lógico a la parálisis parcial de mi cuerpo, que justamente se encontraba tendido a la derecha de mi éste, con los ojos abiertos y la boca en un gesto.

" At a higher altitude with flag unfurled, we reached the dizzy heights of that dreamed of world"-Pink Floyd (High Hopes)



martes, 15 de enero de 2013

Where is my mind?


La inocencia efímera de dejar la vida pasar. El día a día abrumador, el humo en sus ojos, sus ojos rojos por el cansancio, tiritando perdida en un punto de inflexión terrible entre el frío y el miedo.
A menudo se preguntaba cómo, a menudo intentaba escapar. Escapar de ese agujero infinito y oscuro que asemeja ser la vida cuando todo por lo que luchas carece de sentido. Se paraba tranquila, respiraba despacio, sonreía, fumaba. Y la vida la pasaba rápido, la alejaba del camino, la dejaba sola. Sola una vez más.
Parece que nadie sabe nada cuando ella abre la boca, sellada por el tiempo, para hablarte de el sin-sentido de sus días, de la decadencia de su tiempo, del dolor de su pecho y del alma congelada que la quema día a día y cada noche. Entonces te sientes pequeño escuchando sus palabras, observando como los vocablos se deslizan en sus labios hasta adentrarse en tu corazón, hasta partirlo, romperlo, destrozarlo. Y tienes miedo de la soledad, de la tuya, de la suya. De estar solo aún estando siempre rodeada de gente.
Dice que los miedos del pasado siempre vuelven a hacer que te retuerzas de dolor en los momentos de alegría, dice que la vida siempre va a buscar rompernos, que no queda esperanza, que el amor se lo lleva el tiempo y que los sueños van y vienen con el viento. Dice que nunca ha podido escapar, que nunca ha sido libre y que la felicidad es un instante frágil que cualquier golpe podría derribar.
Cuando mira, mira triste. Cuando siente, hace que sientas. Cuando calla… Cuando calla no hay salida, cuando calla no hay espacio, y los días se vuelven de un gris tormentoso que nubla tu vista y tu cabeza. Cada movimiento que hace es un camino, cada amago de sonrisa una esperanza deprimida a la que querrás agarrarte para poder continuar. Y sus ojos son lo más triste que jamás alcanzarás a mirar.
El frío que recorre su cuerpo, gélido por las decepciones diarias que parecen aferrarse a su ánimo habitual, que se introducen dentro de tu cuerpo, te muerden el alma por dentro, te destruyen, te aniquilan y te crean una sensación de calidez frígida y estable que asemejas no poder asimilar.
Nada tiene sentido cuando te paras a mirarla pasar, desvaneciéndose en el tiempo con una simple calada al viento. Tratando de acercarte a ella, de tocarla y de sentirla hasta un éxtasis y conmoción infinitos que no llegarás nunca a experimentar. Viviendo de anhelos y recuerdos quebrados que de nada sirven cuando quieres ocupar el vacío que dejó su lugar en tu pecho, el lugar que ocupó en cuanto la viste pasar. El lugar que se hizo en tu corazón, en el fondo más oscuro y miserable, sin tu permiso, sin el permiso de nadie. Y no podrás vivir sin su silencio, sin los vuestros, sin las miradas rotas en el autobús, sin los roces casuales en los bares, sin la sonrisa incómoda y cordial cuando da su primer trago a la cerveza. No podrás, no querrás. Y cualquier movimiento o escena, cualquier brote perfecto de caridad y calor se romperá en ti sin culminar, te partirá en mil pedazos y te verás a ti misma, frente a un espejo, triste y rota en el centro de una ciudad repleta de miradas que te matan y desprecian. Volverás a recordar que no existe la vuelta atrás, que el mundo no te va a esperar y que los recuerdos nunca jamás son para siempre, porque se pierden. Nos perdemos.

"With your feet on the air and your head on the ground,
try this trick and spin it, yeah.
Your head will collapse if there's nothing in it... And you'll ask yourself: where is my mind?" - The Pixies (Where's my mind).





jueves, 10 de enero de 2013

Cocaine cowboys never die.


El humo envolvía la habitación. Una vez más estábamos todos allí sentados, cada uno con la mirada perdida en un punto diferente de la habitación. Fuera, el calor abrasador ardía en el asfalto, pero allí dentro el frío interior nos calaba uno por uno hasta los huesos.
A día de hoy aún recuerdo con claridad aquellos días, incluso los que menos me apetece recordar. Pero también los recuerdo a ellos, a cada uno de ellos. Me acuerdo de sus rostros, pero sobre todo de la expresión lúgubre y perdida de sus ojos, de la necesidad de sus gestos y, por supuesto, del mono.
Cada uno hablaba de lo suyo, aunque todos hacíamos como si no pasara nada nunca, como si siempre estuviera todo bien. He de admitir que con el tiempo he sabido reconocer que nada de lo que decían me importaba, y como yo, todos. Cada uno vivía en una pequeña película individual en la que nunca había buenos y cada día era aún más triste e insignificante que el anterior. Y así continuamente.
Hablar y fumar, fumar y hablar… No recuerdo exactamente el orden. En ocasiones ni siquiera hablábamos de nada, era como estar sentada entre un grupo de memorias olvidadas. Cada cual más frío, más ausente, más distante. Pero había alguien. Entre todo ese sinsentido diario había alguien.
Apenas hablaba así que no era por el tono suave de su voz, ni por su forma de pensar y de exponer sus pensamientos. Tampoco era su rostro, como ido, una especie de paseo entre lo real y lo absoluta y ciegamente utópico. Ni sus manos. Lo único que quería era su mirada, su dolor a través de esas pupilas desgastadas pero jóvenes, atrofiadas por el tiempo y la necesidad de algo que en absoluto la recompensaba. La necesidad de todos, la necesidad mútua.
Así que la observaba desde la otra punta de la habitación, luchando contra mis propios ojos, casi cerrados, por mantenerle la mirada. Su rostro mirando al suelo infinito, su perfil perdido en un éxtasis matutino, iluminado por la ténue luz de la lámpara que colgaba malamente del techo, amenazando con caer y romper, rompiendo con su estruendo la paz ficticia de cada uno de nosotros.
Días tristes, cortos y olvidados. Días en los que nada merece la pena y el cielo es siempre gris nublado de angustia. Años interminables de disgustos y discusiones internas que jamás verán la luz por guardar costumbre a mostrarse a oscuras. Un nuevo año, y con él viejos recuerdos. Un nuevo año y el peso de los que ya han pasado. Un año más, un año menos. En el fondo ni siquiera importa.

"High in the saddle every night, cocaine cowboys gotta ride" - Cocaine Cowboys (WASP)



martes, 4 de diciembre de 2012

LEAVE.

Hablan de acostumbrarse.
Acostumbrarme.
No nos queda nada. Ellos dicen que siempre queda algo pero no nos queda nada. 
He intentado sentir algo.
Sentirte. Tocarte. Buscarte. 
Ni siquiera te he mirado a los ojos. Tú ni siquiera lo has notado. 
Me hace gracia encontrarte cuando apenas puedo caminar, reír o fijar mi vista en algún lado sin marearme o sentir algo en mis ojos que en mi vida había tenido tan presente.
Es divertido ver cómo nos desvanecemos. 
Es curioso. Intentar que sienta una persona indolente.
Lo único que hago es buscar el lugar. Aquel lugar.
Donde perdemos, donde ganamos, donde buscamos, donde encontramos. Donde sentimos, donde pactamos, donde guardamos, donde esperamos. Donde hemos dado. Donde el silencio no deja nunca lugar a duda, donde las cosas permanecen ocultas.
Aquella manera.
Como lo vimos, como lo hablamos, como lo hicimos.
Aquel momento.
Cuando miramos, cuando rozamos, cuando quisimos, cuando gritamos, cuando escondimos, cuando salimos, cuando entramos, cuando escapamos. Cuando dejamos, cuando vivimos, cuando quisimos parar.
La mente en blanco y las palabras al azar. La búsqueda infinita de la frase que haga que deje de buscar. La salida utópica, el final de un vicio, el comienzo de un verso y el final de un vacío infinito.
De nada sirve querer si no se puede dar. Todo lo que quiero está en el aire blanco que respiro tanto. Respirar con fuerza y dejar la mente volando alto. Estar tan alto que de vértigo mirar hacia abajo. Estar tan alto y con los pies en el suelo. El aire pálido directo al cerebro. Y dejar, por fin, de pensar. Y pensar de verdad.
Puede reírse el coro, ya no me va a importar. Pueden vencer a mi cuerpo pero no podrán con mi mente. Pueden aparentar decoro pero no tienen con quién jugar. Tan infantil que ya me da igual. Todos mis retos están rozando el suelo y éste se empieza a desgastar.
Mi único motivo de ser es dejar, llegar y empezar.
Lejos de aquí, ahí fuera.
"Lying, crying, dying to leave"
Alice in Chains-Love hate Love