miércoles, 22 de enero de 2014

I don't forget.

Se vestía deprisa, como cada mañana. Observaba con el rostro grave el agrietado color de sus ojos en el espejo, frente al tocador de madera oscura de la habitación matrimonial. Antes de abandonar la habitación dirigía una mirada fugaz hacia la cama, miraba a su marido dormir, soñar; y abandonaba la estancia. El color ocre de las paredes se cernía entonces sobre el cuerpo de su marido, en el preciso momento en que ella cerraba la puerta tras de sí.
El ambiente de la casa que alguna vez había sido trono indiscutible de su felicidad se tornaba ahora de un desagradable toque grisáceo y oscuro, que la carcomía por dentro en los días más largos. Una casa en la que ya no pasaban veloces las horas, en la que la felicidad ya no jugaba papel y en la que el cariño se había agotado, apagado y amargado tanto como la llama que una vez los había fundido en una única persona.

Se sentó una vez más frente a una taza humeante de áspero café, con la vista fija en la alacena de la cocina y los ojos apagados en un llanto que ni cesaba ni comenzaba a brotar. Lo esperaba allí, desayunando, temiendo el momento en el que él entraría en la cocina, se sentaría a su lado y la miraría de frente. Temiendo esa expresión de vacío e indiferencia en sus ojos, temiendo que de nuevo no tuvieran nada que decirse ni ganas de mirarse.
Mientras bebía sin prisa el café pensaba en por qué seguía madrugando si hacía años que se había jubilado. Ella, tan acostumbrada a la desconcertante rutina, se sentía una extraña en aquella mañana, aún siendo consciente de que no tenía nada de particular.

-Se ha enfriado el café-masculló. Su marido la miraba desde la encimera de la cocina, con una taza en la mano. Aurora no sabía siquiera cuánto tiempo había estado allí inmóvil, observándola.

Su marido asintió con la cabeza y se dirigió con paso cansado al microondas. A ella le agotaban sus gestos, su falta de vitalidad, su derrotismo fingido y su más que obvia actitud inexpresiva ante la vida. Incluso aborrecía su nombre, sus sílabas y sus insípidas letras: Manuel. En su opinión era un nombre sin vida, un nombre apagado y cansino. Ella misma se sorprendía al recordar aquellos años en los que la simple mención de su nombre la hubiera hecho temblar y evadirse durante horas. 




"The truth is the truth hurts, don't you agree?
It's harder to live with the truth about you
than to live with the lies about me."

Sorry - Guns n' Roses

domingo, 1 de diciembre de 2013

Shut the fuck up.


Lo cierto es que en la penumbra de los recuerdos jamás he visto aparecer el cartel de salida de emergencia. Ninguna vía de escape.
Cuando todo está en silencio y voces al azar me taladran los oídos. Voces estrepitosas y llenas de un vacío casi parcial. De ausencia de mí en mi propia cabeza. Sintiendo que soy una mera espectadora de mi propia vida, expuesta a ver desde fuera la interminable cadena de acontecimientos adormecidos.
Llenando el espacio y el tiempo con cualquier actividad que al cabo del tiempo constituirá tan sólo otro vacío. Esperando que pase algo que me haga recordar que mi vida está esperando justo dónde la dejé, con la esperanza de recordar en qué momento decidí dejarla a un lado.




miércoles, 6 de noviembre de 2013

Entonaste dulces gritos.



Únicamente con ella sentí mi cabeza caer y descansar al borde de un abismo interminable. Con el miedo y el valor necesarios para levantarme cada mañana y omitir mi mera imagen en el reflejo del cristal empañado del baño. Viviendo como si no pasara absolutamente nada. Como si nada en mi se hubiera roto y no hubiera daños sin reparar por todas partes.

Creciendo de espaldas a la insultante realidad que aplastaba mi espíritu, recuerdo haberme perdido más de una vez en la tristeza de su mirada al hablarme sin voz ni palabras. Ausente del mundo urbano y del sonido de oficina que todos hacían al caminar con prisa por algo. Con los ojos cerrados y el pecho abierto y roto en pedazos, expuesta hasta las trancas al dolor que quisiera causarme.


Completamente perdida en el invierno eterno de la vida, mirando por encima del hombro a la frialdad de la gente. Miradas descolocadas y manos entrelazadas. Arte por amor a la nada, al vacío existencial y a la angustia vital de desconocer todo y no poder comprender nada.




"Y tú, con tu voz. Esa voz y tu pálida piel." 
Nacho Vegas - Me he perdido

miércoles, 23 de octubre de 2013

Vivimos esperando que la vida nos espere


En el preciso momento en que te encuentras a ti misma en vela buscando bajo sus párpados la interminable luz de sus ojos, puedes decir que estás enamorada de ella.






















"Crucé mil miradas con Dios, y si creo en lo que creo no es por mí, es por nosotros dos"

lunes, 14 de octubre de 2013

Brain damage

La habitación estaba oscura, y mi cuerpo inerte tendido encima de las sábanas. En el pecho un desesperado enfrentamiento: La sensación de no poder avanzar por más que estuviera cansada de luchar contra mi propia sombra y el presentimiento de que mi futuro nunca será algo que realmente haya querido tener.

Me levanté de la cama, encendí un cigarro y fumé asomada a la ventana. Las luces anaranjadas de la calle alumbraban mi rostro destrozado por el único rostro que querría mirar. La lluvia calaba mis huesos con su frío descarado y sus tormentos interminables de alivio inalcanzable que hacían que me quedara sin sangre y paralizada ante el miedo. La habitación me mordía las entrañas con sus “quédate” y “no te vayas”. Con sus “tu lugar está aquí”. Aquí. En este lugar donde nada me pertenece, donde las sombras y tinieblas acechan antes de que pueda meterme en la cama, donde sólo se respira el humo denso y asfixiante de ausencias parciales que debería olvidar.

La noche cerrada y lluviosa de invierno me rompía por dentro. Las fotos de las paredes. Los recuerdos de “he llegado” y los de “no voy a volver”. Los gritos callados en la habitación de al lado y el insoportable silencio de mis ojos rompiendo a llorar.

Mientras dejaba que el humo escapara por la ventana, partes de mi vida se escurrían despacio entre mis dedos. Las gotas espesas y rosadas, que recorrían mi piel hasta llegar a mis manos, congelaban cada uno de los lugares por los que lograban pasar. Y mientras tanto notaba mi alma y mi cuerpo quebrarse en un gemido infinito. Veía ante mis ojos la sucesión imparable de días encadenados, sombríos, de horas de risa y silencio, de amor y vacío. Los resultados de toda una vida de angustia y placer.

Su voz retumbaba en mi cabeza mientras la sangre abandonaba mi cuerpo. Su voz cálida y frágil susurrándome un “te quiero", calmando el descompasado ritmo de mi corazón extasiado, ahogándome entre las lágrimas que notaba caer a través de mi garganta. Y sus brazos abrazándome, como si estuviera a mi lado viéndome caer y quisiera venir a recomponerme y salvarme.

En cuanto mi mente alcanzó el más puro estado de inconsciencia vi su cuerpo tendido sobre el mío desnudo, y sus labios besándome con fuerza. Vi sus interminables pestañas chocando y rompiendo cuidadosamente en las mías. Y la rabia de mi cuerpo y alma se sumían al fin en un infinito remolino de ausencia, lejos de cualquier lugar en que alguien pudiera volver a encontrarme.
























"And there's someone in my head, but it´s not me.
And if the cloud bursts thunder in your ear, you shout and no one seems to hear."
Pink Floyd


martes, 27 de agosto de 2013

Not thinkin', just sinkin' in this box.

Escondida tras las sombras puedo sentir aún el dolor punzante de su ausencia parcial. El frío de los días cálidos del mes de Agosto quema la superficie de mi piel hasta adentrarse en mi cuerpo, dejando llagas en cada uno de los tejidos que conforman mi interior.
Su luz, la que daba color a mi vida, es ahora de un pálido terrible que me apaga por dentro cada vez que la miro reír sin ganas. Y aunque me lo niegue mil veces a mí misma, ya no ríe conmigo. Lo sé.
Ahora, con las luces apagadas y algún punto de mi alma encendido, imagino su rostro besando el mío. Imagino que aún me habla como entonces, y que roza mi piel con las mismas ganas que antaño, imagino que se sienta a mi lado y fija su mirada en la mía durante horas, sin medida de tiempo ni espacio.
Mis dedos recorren ahora la cama vacía, y recuerdo su pelo cubriendo la almohada, y su cuerpo descubierto sobre las sábanas. Las palabras suaves y confortables, y el olor que hacíamos juntas.



"I' blame myself for being too much like somebody else" - 4 Am (Our Lady Peace)

domingo, 25 de agosto de 2013

Mi enemigo no eres tú, pero no me excluyo a mí.

Pero la cena estaba fría, casi tanto como lo había estado yo durante aquellos interminables meses. La miraba desde el otro lado de la mesa, con los ojos llorosos y un gesto cansado más que evidente en el rostro. Ella mantenía la vista fija en el plato y se mordía el labio inferior mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas.
Me hubiera gustado decirle que ninguna frase perfectamente ordenada aliviaría el dolor de la ausencia que me había dejado en el pecho, pero sabía que de todos modos seguiría rebuscando en su mente los términos más adecuados para expresarse, así que me deshice de la idea de realizar un esfuerzo tan inútil.
Mientras esperaba ansiosa sus palabras recordaba el tacto áspero de la madrugada en su piel cuando ella aún se encontraba tirada sobre la cama, soñando con algo que la realidad jamás podría superar. Yo solía pasar horas mirándola allí tendida, pensando en que tal vez algún día podría darle todo lo que ella quisiera tener sin desvivirme por tener que encontrarlo. Meses más tarde, sumida en la más absoluta soledad, supe que ese momento jamás llegaría.

Levantó la vista del plato y se aclaró la garganta. Soltó sus palabras a una velocidad insólita, como quien debe aprender un discurso que ni siquiera ha analizado sólo para tranquilizar a sus oyentes con unas cuantas frases hechas que al fin y al cabo no servirán de nada. Y ambas sabíamos que de nada servirían esta vez.
La escuchaba como un eco distante de televisión a media voz en la cocina. La estancia se había vuelto febril y apagada, de un gris teñido de tristeza insoportable. Los ojos rojos por el fuego del insomnio de los meses apagados, los labios que ya no sentía que pudieran pronunciar atisbo de palabra para ella y las manos que ya no querían sentir ni tocar nada porque nunca habría nada que pudiera compararse con su cuerpo.
Terminó su discurso con un vago gesto de desesperación que partía su voz en un susurro desgarrado, y sintiendo el nudo de su garganta rompiéndola por dentro, anudé mi voz a mis entrañas y le sonreí habiendo perdido ya toda esperanza.

La vi alzarse ante mi como la tormenta más tremenda que en mi vida haya podido contemplar, y en ese momento supe que preferiría perderme a perderla a ella.



























"Arte es la manera que tuvimos de hablar"

sábado, 25 de mayo de 2013

What the fuck's inside of me

La luz pálida de la mañana cubría nuestros rostros, apartando las sombras de la oscura habitación. El edredón continuaba apartado, dejando su cuerpo parcialmente al descubierto. Repasé con cada uno de mis dedos las curvas de su cuerpo, tratando de memorizar cada surco, cada curva, cada minúscula marca.
Me mantuve así durante horas, con la vista fija en su pelo, en la forma en que éste caía por su espalda, empapando la almohada con su olor. Supe entonces que la noche que me faltara no volvería a dormir.
Me incorporé suavemente sobre la cama, plegando mi cuerpo unos instantes sobre sí mismo.
Me levanté hasta la ventana, abriendo la persiana, dejando entrar a cada uno de los rayos de sol a través del delicado cristal, iluminando su rostro y su cuerpo tendidos aún sobre la cama.
Encendí el primer cigarro de la mañana pensando en ella, asomándome a la ventana de la habitación de la buhardilla, con la vista perdida en alguna parte del inmenso tejado. La sensación agridulce nunca había sido tan intensa como en aquel momento lo era. Su cuerpo me recordaba cada una de las cosas con las que me hubiera gustado poder luchar, cada una de las cosas que algún día querría olvidar.
Mientras la observaba dormir, ajena a todo ruido mundano y molesto, hundida en la almohada, como en un mundo paralelo que a mi jamás me estaría permitido conocer; pensaba en cómo poder plasmar aquel momento, de cualquiera de las formas. Para nunca olvidarlo, para nunca olvidarla.






domingo, 12 de mayo de 2013

sábado, 4 de mayo de 2013

Wake up


La noche estaba fría y el aire quemaba mis huesos hasta el punto de sentirlos aferrados a mi piel con dientes alargados y punzantes. El mirador estaba vacío, como lo estaba también el resto de mi cuerpo en aquel momento, abatido y carente de cualquier contenido.

Asomada allí, al borde de un interminable muro que me abría hacia un paisaje estremecedor y oscuro, veía su rostro en cualquier parte. Los edificios alineados con su estricta monotonía acaparaban la atención de mis dos ojos borrosos, y la luz de las farolas cegaba parcialmente la espera.
Sus ojos asomaban tímidos por encima de las nubes rojizas del atardecer, mientras mi mente volaba alto y sin un destino concreto, mirándome a los ojos y quemándome la piel. Durante unos segundos volví a sentirme como entonces.

Sentí mi rostro desgastado y mi ser desvanecerse dentro de mi propio cuerpo hasta desesperar. Y como entonces, me faltaba ella. Su sonrisa mordiendo fuerte la superficie de mi piel y mis manos temblando. Me faltaban los meses apagados y la triste sensación que recorría mi cuerpo cuando sentía su ausencia.

De vuelta a casa me di golpes con todo, caminando con la misma torpeza que entonces. Y realizaba cada paso como si de nuevo ningún lugar mereciera la atención de mi mirada, con la vista en el punto más alto del firmamento, chocando con la realidad de sus nubes grises.



"Slow suicide's nowhere to go"

lunes, 8 de abril de 2013

I don't need you


Hipnotizada por el perfil infinito de su sombra, me vi caer en el vacío interminable de mi propia ausencia.

Mentía al decir que temía perderme, porque jamás sentí cosa peor que el dolor de encontrarme.

Bajo las sábanas destempladas sonreías como un último adiós con próxima vuelta, con una firme promesa en tu rostro y los ojos desgastados y ausentes.

Tanto tiempo sin decirte nada ha enmudecido mi existencia hasta el punto de confundir los ruidos con nuestras desgastadas palabras.

Sin cartel rajado, no hubiera habido foto.





domingo, 17 de marzo de 2013

Slow decay


Las horas fluían en calma, sobre la cama, mientras la observaba dormir con la vista nublada. Su rostro distraído por el sueño parecía ahora tranquilo y despejado, a pesar de la comisura dulcemente contraída de sus labios.
La habitación condensada por el humo, que llenaba mis pulmones de una melancolía inexplicable, apretaba en mi pecho. La miraba a los ojos, aunque los suyos estuviesen ya cerrados, y me sentía caer.
Deseaba levantarme, fumar en la ventana, sintiendo el frío con cada calada y llenando mis pulmones con el aire puro congelado y el sabor amargo del tabaco. Apoyarme en el alfeizar y mirar al infinito, con la vista en ninguna parte y mi mente acostada junto a la suya. Quería despertarla en un abrazo, o que me abrazara por la espalda como si no pasara nada y sellara el pacto con sus labios sobre mi cuello.
Me volví sobre la cama, dejando mi vista clavada en el techo y mi mente divagando entre susurros y bostezos. La recordé, aún teniéndola a mi lado, aún estando entre sus brazos. Como si mi mente buscara de nuevo encontrarla sin haberla dejado marchar y mi cuerpo extrañara el suave roce de su piel al descubierto ardiendo sobre mí.
Notaba la lluvia caer sobre mi tez y el frío calarme en los huesos, me sentía en un vacío interminable, únicamente rodeada por el miedo y el temor a su ausencia. Sus caricias continuaban en mi pecho y en mi mente, con la silueta escuálida y tibia de sus manos rozando cada parte de mi cuerpo en un intento desesperado por encontrarnos.
La sentía temblar a mi lado, pero no podía tocarla ni verla. Repasaba su boca, buscando espacio en la mía y chocando dulcemente con mi lengua. Quería abrazarla, dejar mi mente en blanco y ahuyentar el frío que cubría ahora su cuerpo, pero no podía siquiera moverme o articular un atisbo de palabra cálida.
Dicen que la Parálisis del Sueño es un fenómeno común que a todos nos sucede al menos una vez en la vida, bloqueando nuestros cuerpos antes o después del sueño durante algunos minutos. Podría, sin embargo, jurar que yo me encontraba paralizada por algo superior a mis instintos básicos humanos.
Me noté desfallecer entre las sábanas, observándola. El sueño llegaba al fin, secando mis ojos y ensalzando su rostro entre un millar de pensamientos, realizando suavemente un salto hacia otro estrato. Dejándome sola, abandonada en el limbo de la vida, en el diminuto límite con la muerte, buscando un motivo lógico a la parálisis parcial de mi cuerpo, que justamente se encontraba tendido a la derecha de mi éste, con los ojos abiertos y la boca en un gesto.

" At a higher altitude with flag unfurled, we reached the dizzy heights of that dreamed of world"-Pink Floyd (High Hopes)



martes, 15 de enero de 2013

Where is my mind?


La inocencia efímera de dejar la vida pasar. El día a día abrumador, el humo en sus ojos, sus ojos rojos por el cansancio, tiritando perdida en un punto de inflexión terrible entre el frío y el miedo.
A menudo se preguntaba cómo, a menudo intentaba escapar. Escapar de ese agujero infinito y oscuro que asemeja ser la vida cuando todo por lo que luchas carece de sentido. Se paraba tranquila, respiraba despacio, sonreía, fumaba. Y la vida la pasaba rápido, la alejaba del camino, la dejaba sola. Sola una vez más.
Parece que nadie sabe nada cuando ella abre la boca, sellada por el tiempo, para hablarte de el sin-sentido de sus días, de la decadencia de su tiempo, del dolor de su pecho y del alma congelada que la quema día a día y cada noche. Entonces te sientes pequeño escuchando sus palabras, observando como los vocablos se deslizan en sus labios hasta adentrarse en tu corazón, hasta partirlo, romperlo, destrozarlo. Y tienes miedo de la soledad, de la tuya, de la suya. De estar solo aún estando siempre rodeada de gente.
Dice que los miedos del pasado siempre vuelven a hacer que te retuerzas de dolor en los momentos de alegría, dice que la vida siempre va a buscar rompernos, que no queda esperanza, que el amor se lo lleva el tiempo y que los sueños van y vienen con el viento. Dice que nunca ha podido escapar, que nunca ha sido libre y que la felicidad es un instante frágil que cualquier golpe podría derribar.
Cuando mira, mira triste. Cuando siente, hace que sientas. Cuando calla… Cuando calla no hay salida, cuando calla no hay espacio, y los días se vuelven de un gris tormentoso que nubla tu vista y tu cabeza. Cada movimiento que hace es un camino, cada amago de sonrisa una esperanza deprimida a la que querrás agarrarte para poder continuar. Y sus ojos son lo más triste que jamás alcanzarás a mirar.
El frío que recorre su cuerpo, gélido por las decepciones diarias que parecen aferrarse a su ánimo habitual, que se introducen dentro de tu cuerpo, te muerden el alma por dentro, te destruyen, te aniquilan y te crean una sensación de calidez frígida y estable que asemejas no poder asimilar.
Nada tiene sentido cuando te paras a mirarla pasar, desvaneciéndose en el tiempo con una simple calada al viento. Tratando de acercarte a ella, de tocarla y de sentirla hasta un éxtasis y conmoción infinitos que no llegarás nunca a experimentar. Viviendo de anhelos y recuerdos quebrados que de nada sirven cuando quieres ocupar el vacío que dejó su lugar en tu pecho, el lugar que ocupó en cuanto la viste pasar. El lugar que se hizo en tu corazón, en el fondo más oscuro y miserable, sin tu permiso, sin el permiso de nadie. Y no podrás vivir sin su silencio, sin los vuestros, sin las miradas rotas en el autobús, sin los roces casuales en los bares, sin la sonrisa incómoda y cordial cuando da su primer trago a la cerveza. No podrás, no querrás. Y cualquier movimiento o escena, cualquier brote perfecto de caridad y calor se romperá en ti sin culminar, te partirá en mil pedazos y te verás a ti misma, frente a un espejo, triste y rota en el centro de una ciudad repleta de miradas que te matan y desprecian. Volverás a recordar que no existe la vuelta atrás, que el mundo no te va a esperar y que los recuerdos nunca jamás son para siempre, porque se pierden. Nos perdemos.

"With your feet on the air and your head on the ground,
try this trick and spin it, yeah.
Your head will collapse if there's nothing in it... And you'll ask yourself: where is my mind?" - The Pixies (Where's my mind).





jueves, 10 de enero de 2013

Cocaine cowboys never die.


El humo envolvía la habitación. Una vez más estábamos todos allí sentados, cada uno con la mirada perdida en un punto diferente de la habitación. Fuera, el calor abrasador ardía en el asfalto, pero allí dentro el frío interior nos calaba uno por uno hasta los huesos.
A día de hoy aún recuerdo con claridad aquellos días, incluso los que menos me apetece recordar. Pero también los recuerdo a ellos, a cada uno de ellos. Me acuerdo de sus rostros, pero sobre todo de la expresión lúgubre y perdida de sus ojos, de la necesidad de sus gestos y, por supuesto, del mono.
Cada uno hablaba de lo suyo, aunque todos hacíamos como si no pasara nada nunca, como si siempre estuviera todo bien. He de admitir que con el tiempo he sabido reconocer que nada de lo que decían me importaba, y como yo, todos. Cada uno vivía en una pequeña película individual en la que nunca había buenos y cada día era aún más triste e insignificante que el anterior. Y así continuamente.
Hablar y fumar, fumar y hablar… No recuerdo exactamente el orden. En ocasiones ni siquiera hablábamos de nada, era como estar sentada entre un grupo de memorias olvidadas. Cada cual más frío, más ausente, más distante. Pero había alguien. Entre todo ese sinsentido diario había alguien.
Apenas hablaba así que no era por el tono suave de su voz, ni por su forma de pensar y de exponer sus pensamientos. Tampoco era su rostro, como ido, una especie de paseo entre lo real y lo absoluta y ciegamente utópico. Ni sus manos. Lo único que quería era su mirada, su dolor a través de esas pupilas desgastadas pero jóvenes, atrofiadas por el tiempo y la necesidad de algo que en absoluto la recompensaba. La necesidad de todos, la necesidad mútua.
Así que la observaba desde la otra punta de la habitación, luchando contra mis propios ojos, casi cerrados, por mantenerle la mirada. Su rostro mirando al suelo infinito, su perfil perdido en un éxtasis matutino, iluminado por la ténue luz de la lámpara que colgaba malamente del techo, amenazando con caer y romper, rompiendo con su estruendo la paz ficticia de cada uno de nosotros.
Días tristes, cortos y olvidados. Días en los que nada merece la pena y el cielo es siempre gris nublado de angustia. Años interminables de disgustos y discusiones internas que jamás verán la luz por guardar costumbre a mostrarse a oscuras. Un nuevo año, y con él viejos recuerdos. Un nuevo año y el peso de los que ya han pasado. Un año más, un año menos. En el fondo ni siquiera importa.

"High in the saddle every night, cocaine cowboys gotta ride" - Cocaine Cowboys (WASP)



martes, 4 de diciembre de 2012

LEAVE.

Hablan de acostumbrarse.
Acostumbrarme.
No nos queda nada. Ellos dicen que siempre queda algo pero no nos queda nada. 
He intentado sentir algo.
Sentirte. Tocarte. Buscarte. 
Ni siquiera te he mirado a los ojos. Tú ni siquiera lo has notado. 
Me hace gracia encontrarte cuando apenas puedo caminar, reír o fijar mi vista en algún lado sin marearme o sentir algo en mis ojos que en mi vida había tenido tan presente.
Es divertido ver cómo nos desvanecemos. 
Es curioso. Intentar que sienta una persona indolente.
Lo único que hago es buscar el lugar. Aquel lugar.
Donde perdemos, donde ganamos, donde buscamos, donde encontramos. Donde sentimos, donde pactamos, donde guardamos, donde esperamos. Donde hemos dado. Donde el silencio no deja nunca lugar a duda, donde las cosas permanecen ocultas.
Aquella manera.
Como lo vimos, como lo hablamos, como lo hicimos.
Aquel momento.
Cuando miramos, cuando rozamos, cuando quisimos, cuando gritamos, cuando escondimos, cuando salimos, cuando entramos, cuando escapamos. Cuando dejamos, cuando vivimos, cuando quisimos parar.
La mente en blanco y las palabras al azar. La búsqueda infinita de la frase que haga que deje de buscar. La salida utópica, el final de un vicio, el comienzo de un verso y el final de un vacío infinito.
De nada sirve querer si no se puede dar. Todo lo que quiero está en el aire blanco que respiro tanto. Respirar con fuerza y dejar la mente volando alto. Estar tan alto que de vértigo mirar hacia abajo. Estar tan alto y con los pies en el suelo. El aire pálido directo al cerebro. Y dejar, por fin, de pensar. Y pensar de verdad.
Puede reírse el coro, ya no me va a importar. Pueden vencer a mi cuerpo pero no podrán con mi mente. Pueden aparentar decoro pero no tienen con quién jugar. Tan infantil que ya me da igual. Todos mis retos están rozando el suelo y éste se empieza a desgastar.
Mi único motivo de ser es dejar, llegar y empezar.
Lejos de aquí, ahí fuera.
"Lying, crying, dying to leave"
Alice in Chains-Love hate Love

miércoles, 24 de octubre de 2012

Crazy diamond.

Me he perdido por completo. En el medio de un camino que contra todo razonamiento optimista, se me antoja sin sentido. En un lugar frío, fúnebre, nauseabundo, insípido, caótico, absurdo. Me da vértigo la inmensidad triste de este punto de inflexión.
No soy, ni quiero parecer, un ser destrozado ni de un pesimismo fingido y desastroso. Lo he intentado. He buscado la belleza infinita de las palabras más frágiles entre las páginas de Sartre; la felicidad en el absurdo coqueteo de dos bocas entrelazadas mediante besos o palabras; la gracia de lo mundano en monólogos tragicómicos que de poco sirven y la ferocidad de una ideología inmune a los argumentos sin base en los textos de Voltaire y Marx. Por supuesto no diré que no he encontrado nada. Pero ciertamente, de nada me ha servido.
Nada ni nadie que pueda hacerme vacilar, nada ni nadie que pueda hacer que me tambalee. Hace tiempo que no hay nadie que logre anular los miedos de mi infancia, la sensación fatalitaria de verse caer a uno mismo en los abismos de un mundo que nos es, en absoluto, desconocido, y por supuesto, nadie que pueda sacar a la luz los gritos que yo misma he decidido callar dentro de mi cuerpo. 
La fuerza de uno mismo. Yo he buscado mi fuerza en los recónditos lugares de cada uno de los sitios en los que no recuerdo haber estado. Quisiera de verdad poder decir que soy una persona fuerte, que no estoy sola y que jamás nadie me verá flaquear. Y quizá sea cierto que nadie me verá hacerlo. Supongo que porque el punto más débil y efímero de cada uno somos nosotros mismos, nuestros propios pensamientos, los sentimientos hacia nuestra propia vida. Así, la debilidad de mi mente es increíble.
En mi vida he querido, he odiado y por supuesto he amado. Durante mucho tiempo busqué desesperada alternativas a los pensamientos que hoy dejo entrever en estas líneas, y en el lugar más remoto, inhumano e inmoral, encontré un modo de ser feliz. Un modo de enfocarlo todo a través de ella. Ella, que sin cuerpo ni vida ha logrado mirarme, tocarme y sentirme como nadie antes lo había hecho. Ella, que se acuesta cada noche a mis espaldas y congela mi aliento y mi cuerpo. Ella, que me permite dormir sin preocuparme por si querré levantarme mañana. Supongo que todos sabréis lo que es una prosopopeya.
He conocido también el amor realista. El que se produce con una persona física y real. Sobrará decir que ambos tipos de amor son completamente descabellados y descomunales, supongo. En cambio no sobra decir que muchos opinan que el amor hacia algo no físico no produce libertad ni placer pero sí opresión y dependencia. Yo creo que ambos son exactamente iguales, incluso creo que es peor depender de alguien que de algo, partiendo de la base de que alguien siempre va a poder largarse.


"Now there's a look in your eyes, like black holes in the sky. Shine on you crazy diamond..."-Pink  Floyd

jueves, 18 de octubre de 2012

Cuándo besa tiembla el suelo.

Lo supe desde la primera sonrisa. Lo de que querría dibujarla sobre la mía con cuidado... Supe cual sería el bar, cuales las palabras y cuales los gestos. Y lo que todos, incluso ella, pensarían. Y desde ese mismo momento decidí que me daba igual.
Y cuántas veces... ¿Cuántas veces imaginé cómo sería? Cuántas veces la vi sentada en esa barra, en medio de la penumbra de ese bar, hablándome con cada guiño infinito de sus ojos claros. Mirándome a los ojos sin temer ser juzgada por los míos. Cuántas veces la invité a esa cerveza con un amago de sonrisa en mis labios.
La miré otras tantas veces aspirar esa calada con su ansia de libertad y con el gesto cansado de buscar y no encontrar a nadie. Nunca.
Le cedí el humo de mi garganta mediante un beso que siempre se nos quedaba en el aire, y desee avanzar ese puto milímetro hasta hacernos chocar y romper.
Y observarla estallar. Observarla sobre mí o bajo mi peso, aspirando a la vida de otro modo. Y lo de cambiar por fin "follar" por "hacerlo". Entenderlo todo de nuevo, dejándola ser ella misma.
Escuché por fin el sonido de lo extático salir de su boca en un gemido, y jodí su soledad con un beso, o con varios. Y por primera vez en mi vida no me levanté de la cama con la intención de salir por su puerta y no volverla a ver. Si no que me quedé allí tumbada, observando cómo el humo que salía de mi boca se adhería a sus pestañas. La miré tumbada junto a mí en esa cama deshecha, llena de algo que no podría explicar con palabras. Y ese abismo que tanto amenazaba hacía meses ya no ocupaba cada rincón vacío de mi pecho mientras ella se amoldaba a mi cuerpo hasta la asfixia.
Pero nunca se sabe. Tal vez algún día pueda decirle cada una de las cosas que aunque me encantaría decir, ahora no puedo. Y podré apropiarme cada uno de sus gestos, su forma de enfrentarse al mundo y su perfecta manía de ser borde con los gilipollas. Darle algo más que lo que siempre ha tenido.

"Y soñaba calentar lo de abajo del ombligo... Yo soñaba, que quería soñar contigo."
 Marea-Tú y yo

lunes, 8 de octubre de 2012

My worried mind.

Me vi sentada allí, en el alfeizar de la ventana de su habitación esperando a que saliera de la ducha. Sonaba Iggy Pop con fuerza, pero yo no podía oír nada que fuera más allá del sonido del agua que imaginaba cayendo sobre su rostro y acariciando cada parte de su cuerpo. Tenía puesta esa sudadera gris que tanto olía a ella, y mientras miraba a la gente pasar bajo el edificio, la echaba de menos.
La vi salir por fin del baño, abrazada a una toalla verde, sonriente. La observé mientras se deshacía de la toalla, recordé como otras veces eran mis manos las que dejaban su cuerpo al descubierto. La observé hasta que conseguí hacerla reír. Entonces se acercó a mi a tientas, en medio de aquella humareda, perdida en una oscuridad casi parcial que apenas me permitía advertir el contorno de su cuerpo desnudo. Con una media sonrisa rompió su boca en la mía y algo dentro de mí se rompió también. Sonrió y comenzó a vestirse divertida. La observé con la vista empañada cubrir su cuerpo con una de mis camisetas.
Me levanté del alfeizar y me dirigí hacia ella con paso indeciso, adivinando el tatuaje del final de su espalda y recorriendo su columna con mis párpados. La abracé por la espalda y permanecí inmóvil varios minutos. Su cuerpo en el mío y viceversa. Hasta que por fin se giró y se clavó en mis ojos, dejando sus labios entreabiertos muy cerca de los míos. Siempre jugábamos a mantenernos la mirada, como cíclopes, nos alejábamos y acercábamos hasta el punto de no alcanzar a vernos con claridad. Quién ganaba comenzaba la batalla. Mordió mi labio inferior con fuerza y noté sus dientes chocando suavemente con los míos, nuestras bocas encajando en una perfecta armonía y mi lengua robando espacio en la suya.
Su peso sobre mí y la piel erizada de mi cuello al contacto con sus labios entreabiertos. Recorrí con cuidado el contorno de su cuerpo, me aferré a su espalda y bese su pecho. Perdidas en una complicidad infinita y extática.
Cuando desperté la vi a mi lado, enredada con suavidad bajo las sábanas. Me incorporé en el más absoluto silencio y encendí un cigarro en la ventana. Durante toda la noche no dejé de mirarla, intentando adivinar la expresión agridulce de su rostro empapado por el sueño. Supe entonces que no sería yo la que podría olvidarla.
De nuevo a su lado la abracé con tal fuerza que creí que nunca jamás volvería a soltarla.
Ahora, como la inmensa mayoría de las cosas, todo aquello no supone nada. En ese inmenso maremagnum de recuerdos que supone la memoria ya no hay sitio para nada. Hay un vacío demasiado grande que se ocupa de llenarlo todo.

"Let me tell... I really did the best I could"
Led Zeppelin-Since I´ve been lovin´ you.


domingo, 1 de julio de 2012

Sácame de aquí.

Con los ojos deshechos en lágrimas se miró a si misma unos segundos. Permanecía de pie frente al espejo con la cara retorcida en un gesto de dolor. Se sentó en el borde de la cama y dejó caer su rostro entre sus manos. Su cuerpo entero estaba temblando y un grito luchaba desesperado por salir y liberar la presión infinita de su pecho. Encendió con las manos temblorosas un cigarrillo y se tumbó en la cama, miró a su alrededor, las paredes de su habitación la rodeaban y encerraban hasta la asfixia. 
Se vio tumbada una vez más a su lado, vio sus ojos desgastados e hinchados por la espera. Recordó con cuidado aquellas noches en las que todo parecía más fácil a su lado... Se incorporó bruscamente y apagó el cigarrillo con desgana. Frente a ella, en la pared repleta de fotos, pósters, dibujos y recuerdos absurdos, se alzaba implacable el rostro que no quería olvidar. 
Salió a la calle y recorrió una vez más el viejo camino que tantas veces antes había realizado. Lo recorrió como si realmente ella la estuviera esperando sentada en el mismo sucio escalón en el que siempre la había encontrado. Las calles estaban frías y vacías. Entonces llegó. Se sentó a esperarla extrañada de que aún no hubiera llegado, dejándose llevar por las diversas melodías que salían de sus cascos. Cuando por fin se levantó, se movió desesperada de un lugar a otro, perdiendo su mirada entre las luces anaranjadas de las farolas al entrar la noche. Encendió una vez más un cigarro con la intención inocente de calmarse y avanzó.
Desde allí arriba, sentada de madrugada en aquel mirador que parecía extenderse sin límite, recordó una y otra vez sus cuerpos entrelazados, sus besos, sus palabras y sus sonrisas unidas en eterna complicidad. Y de pronto algo en ella se rompió muy dentro, algo la azotó y agitó tan fuerte que quiso saltar desde allí mismo y no alcanzar nunca el suelo. 
De vuelta a casa contó todos y cada uno de los escalones que la llevarían a casa, y en cada uno de ellos se dio cuenta de que a cada paso la echaba más en falta. Así, con la sonrisa agridulce del que espera el regreso de alguien, se dejó arrastrar por las calles congeladas. 
Su casa estaba vacía y únicamente se respiraba un silencio sepulcral. Poco a poco, a medida que el techo y las paredes se encogían sobre ella, hizo del silencio su sonido predilecto. Al menos hasta que ella regresara.

"Sácame de aquí, no me dejes solo... O todo el mundo está loco o Dios es sordo..."
Enrique Bunbury-Sácame de aquí.