martes, 15 de enero de 2013

Where is my mind?


La inocencia efímera de dejar la vida pasar. El día a día abrumador, el humo en sus ojos, sus ojos rojos por el cansancio, tiritando perdida en un punto de inflexión terrible entre el frío y el miedo.
A menudo se preguntaba cómo, a menudo intentaba escapar. Escapar de ese agujero infinito y oscuro que asemeja ser la vida cuando todo por lo que luchas carece de sentido. Se paraba tranquila, respiraba despacio, sonreía, fumaba. Y la vida la pasaba rápido, la alejaba del camino, la dejaba sola. Sola una vez más.
Parece que nadie sabe nada cuando ella abre la boca, sellada por el tiempo, para hablarte de el sin-sentido de sus días, de la decadencia de su tiempo, del dolor de su pecho y del alma congelada que la quema día a día y cada noche. Entonces te sientes pequeño escuchando sus palabras, observando como los vocablos se deslizan en sus labios hasta adentrarse en tu corazón, hasta partirlo, romperlo, destrozarlo. Y tienes miedo de la soledad, de la tuya, de la suya. De estar solo aún estando siempre rodeada de gente.
Dice que los miedos del pasado siempre vuelven a hacer que te retuerzas de dolor en los momentos de alegría, dice que la vida siempre va a buscar rompernos, que no queda esperanza, que el amor se lo lleva el tiempo y que los sueños van y vienen con el viento. Dice que nunca ha podido escapar, que nunca ha sido libre y que la felicidad es un instante frágil que cualquier golpe podría derribar.
Cuando mira, mira triste. Cuando siente, hace que sientas. Cuando calla… Cuando calla no hay salida, cuando calla no hay espacio, y los días se vuelven de un gris tormentoso que nubla tu vista y tu cabeza. Cada movimiento que hace es un camino, cada amago de sonrisa una esperanza deprimida a la que querrás agarrarte para poder continuar. Y sus ojos son lo más triste que jamás alcanzarás a mirar.
El frío que recorre su cuerpo, gélido por las decepciones diarias que parecen aferrarse a su ánimo habitual, que se introducen dentro de tu cuerpo, te muerden el alma por dentro, te destruyen, te aniquilan y te crean una sensación de calidez frígida y estable que asemejas no poder asimilar.
Nada tiene sentido cuando te paras a mirarla pasar, desvaneciéndose en el tiempo con una simple calada al viento. Tratando de acercarte a ella, de tocarla y de sentirla hasta un éxtasis y conmoción infinitos que no llegarás nunca a experimentar. Viviendo de anhelos y recuerdos quebrados que de nada sirven cuando quieres ocupar el vacío que dejó su lugar en tu pecho, el lugar que ocupó en cuanto la viste pasar. El lugar que se hizo en tu corazón, en el fondo más oscuro y miserable, sin tu permiso, sin el permiso de nadie. Y no podrás vivir sin su silencio, sin los vuestros, sin las miradas rotas en el autobús, sin los roces casuales en los bares, sin la sonrisa incómoda y cordial cuando da su primer trago a la cerveza. No podrás, no querrás. Y cualquier movimiento o escena, cualquier brote perfecto de caridad y calor se romperá en ti sin culminar, te partirá en mil pedazos y te verás a ti misma, frente a un espejo, triste y rota en el centro de una ciudad repleta de miradas que te matan y desprecian. Volverás a recordar que no existe la vuelta atrás, que el mundo no te va a esperar y que los recuerdos nunca jamás son para siempre, porque se pierden. Nos perdemos.

"With your feet on the air and your head on the ground,
try this trick and spin it, yeah.
Your head will collapse if there's nothing in it... And you'll ask yourself: where is my mind?" - The Pixies (Where's my mind).





jueves, 10 de enero de 2013

Cocaine cowboys never die.


El humo envolvía la habitación. Una vez más estábamos todos allí sentados, cada uno con la mirada perdida en un punto diferente de la habitación. Fuera, el calor abrasador ardía en el asfalto, pero allí dentro el frío interior nos calaba uno por uno hasta los huesos.
A día de hoy aún recuerdo con claridad aquellos días, incluso los que menos me apetece recordar. Pero también los recuerdo a ellos, a cada uno de ellos. Me acuerdo de sus rostros, pero sobre todo de la expresión lúgubre y perdida de sus ojos, de la necesidad de sus gestos y, por supuesto, del mono.
Cada uno hablaba de lo suyo, aunque todos hacíamos como si no pasara nada nunca, como si siempre estuviera todo bien. He de admitir que con el tiempo he sabido reconocer que nada de lo que decían me importaba, y como yo, todos. Cada uno vivía en una pequeña película individual en la que nunca había buenos y cada día era aún más triste e insignificante que el anterior. Y así continuamente.
Hablar y fumar, fumar y hablar… No recuerdo exactamente el orden. En ocasiones ni siquiera hablábamos de nada, era como estar sentada entre un grupo de memorias olvidadas. Cada cual más frío, más ausente, más distante. Pero había alguien. Entre todo ese sinsentido diario había alguien.
Apenas hablaba así que no era por el tono suave de su voz, ni por su forma de pensar y de exponer sus pensamientos. Tampoco era su rostro, como ido, una especie de paseo entre lo real y lo absoluta y ciegamente utópico. Ni sus manos. Lo único que quería era su mirada, su dolor a través de esas pupilas desgastadas pero jóvenes, atrofiadas por el tiempo y la necesidad de algo que en absoluto la recompensaba. La necesidad de todos, la necesidad mútua.
Así que la observaba desde la otra punta de la habitación, luchando contra mis propios ojos, casi cerrados, por mantenerle la mirada. Su rostro mirando al suelo infinito, su perfil perdido en un éxtasis matutino, iluminado por la ténue luz de la lámpara que colgaba malamente del techo, amenazando con caer y romper, rompiendo con su estruendo la paz ficticia de cada uno de nosotros.
Días tristes, cortos y olvidados. Días en los que nada merece la pena y el cielo es siempre gris nublado de angustia. Años interminables de disgustos y discusiones internas que jamás verán la luz por guardar costumbre a mostrarse a oscuras. Un nuevo año, y con él viejos recuerdos. Un nuevo año y el peso de los que ya han pasado. Un año más, un año menos. En el fondo ni siquiera importa.

"High in the saddle every night, cocaine cowboys gotta ride" - Cocaine Cowboys (WASP)